¿Por qué los arquitectos no tienen sindicatos?

Es difícil para los trabajadores que no se consideran trabajadores imaginar que necesitan un sindicato. Ejercer como arquitecto trae un grado de satisfacción creativa que hace que el sacrificio financiero valga la pena. Después de todo, no es trabajo si estás haciendo lo que amas.

¿Por qué los arquitectos no tienen sindicatos?

A raíz del movimiento #MeToo en la comunidad de arquitectura en EE.UU. y con el lanzamiento de la primera parte de las Guías para la práctica equitativa del American Institute of Architects (AIA), en agosto de 2019, el AIA organizó un panel de discusión moderado por el grupo de activistas The Architecture Lobby llamado Firm Handbook and Best Practices for Office Policies.

Entre otras cosas, se discutió sobre las prácticas para mejorar los manuales de empleados de las oficinas de arquitectura en EE.UU. para garantizar que se implementen los procedimientos adecuados (incluidos horarios de trabajo flexibles y códigos de conducta) para proporcionar un lugar de trabajo equitativo, inclusivo y seguro con políticas y beneficios para servir al personal y la empresa, para que sea relevante en el entorno laboral actual.

Pero también se cuestionó sobre los sindicatos y la negociación colectiva.

The Architecture Lobby es una organización de arquitectos y diseñadores compuesta por diversos grupos de estudiantes, profesionales jóvenes, propietarios de despachos, periodistas y académicos, que abogan por el valor de la arquitectura en el público en general y por el trabajo digno dentro de la disciplina.

Su activismo se basa en la creencia de que el trabajo que hacen los arquitectos y la sociedad capitalista en la que trabajan necesitan un cambio estructural para servir adecuadamente a resolver algunos de los problemas acuciantes del siglo XXI.

Ellos abogan por un salario digno, beneficios, seguridad laboral y transparencia salarial en toda la disciplina arquitectónica (no más trabajo gratis, sin pasantías no remuneradas, ni horas extras no pagadas)

Centran la importancia del trabajo en su comprensión de la arquitectura: habilitar el diseño para un espectro completo de la vida humana; ampliar el derecho a la práctica arquitectónica como un proceso colectivo; confrontar la complicidad de la arquitectura con la discriminación, la violencia de género y el racismo; y la justicia climática como base de toda obra arquitectónica. No puede haber un futuro sostenible sin prácticas laborales sostenibles. ¡La arquitectura es trabajo!

¿Por qué querer un sindicato, porque las personas que lo sugieren sienten que su empleador es un abusivo y tiene que ser controlado por un tercero? ¿O simplemente porque quieren poder dar su opinión y ser escuchados y ayudar a influir en la cultura de la oficina?

Todos sabemos o hemos escuchado las condiciones laborales y esquemas de contratación de la industria de la arquitectura y el diseño aquí en México, la rotación de personal en las oficinas de arquitectura, etc. Pero, si las relaciones laborales en la industria es realmente tan mala y necesita ser regulada por algo como un sindicato, ¿entonces porque no hay sindicatos de arquitectos?

Aquí algunos puntos clave:

Primero, ¿qué es un sindicato? De acuerdo con el artículo 356 de la Ley Federal del Trabajo, sindicato es la asociación de trabajadores (o patrones), constituida para el estudio, mejoramiento y defensa de sus respectivos intereses.

En este sentido, los sindicatos pueden ser conformados por trabajadores o por patrones y tienen personalidad jurídica para defender sus derechos y ejercer las acciones que correspondan ante las autoridades, y representan los intereses de sus miembros en la defensa de sus derechos individuales.

En otras palabras, es un mecanismo para controlar tirones en el poder. Sin embargo, un sindicato es un acuerdo doble. La primera parte del acuerdo es entre los trabajadores de una empresa o sector para elegir representantes para negociar sus intereses. Esta es la negociación colectiva, a la que todos los trabajadores tienen derecho según la ley de los Estados Unidos Mexicanos.

El segundo acuerdo es entre los trabajadores y los patrones o dueños de esa empresa o sector. El sindicato será reconocido, tendrá un asiento en la mesa y podrá negociar los términos de su relación contractual.

Dentro del andamiaje de esta negociación, un sindicato puede verse involucrado y lograr cualquier cosa en la que esté de acuerdo colectivamente, lo que incluye dar retroalimentación e influir en la cultura de la oficina.

Ahora bien, ¿el deseo de sindicalización indica una crisis en toda la industria? Sí, pero esta crisis no es causada por el deseo de sindicalización. Más bien, la sindicalización es una herramienta para abordarla. Pero esta crisis no es exclusiva de la arquitectura.

Es un tema más amplio sobre la creciente precariedad laboral de los trabajadores en una economía global donde hay cada vez más competencia y menos oportunidades, caminos hacia la estabilidad y la jubilación digna, etc. y los trabajadores no tienen más remedio que aferrarse a los pocos beneficios que se les otorgan. Donde la economía informal es la economía.

Según la International Labour Organization (ILO), la informalidad no ha disminuido con el tiempo e incluso está aumentando en muchos países. Las economías informales se caracterizan típicamente por una alta incidencia de pobreza y graves déficit de trabajo decente; 6 de cada 10 trabajadores y 4 de cada 5 empresas en el mundo operan en la economía informal.

México no es ajeno a esta condición, a decir del INEGI, en 2020 la economía informal observó una participación de 21.9% en el PIB nacional. Es decir que, por cada 100 pesos generados del PIB, 22 pesos se generaron en la informalidad.

Entonces, todos tenemos un problema.

Los dueños de despachos “progresistas” puede señalar sus políticas (como lo hicieron muchos en el panel del Firm Handbook and Best Practices for Office Policies), y decir "nosotros ofrecemos seguro médico, licencia por maternidad, horas extra pagadas, horarios flexibles, etc." Todas estas políticas son cruciales y necesarias, pero no son lo mismo que asignarle poder a los empleados.

Para organizaciones como The Architecture Lobby el poder de los trabajadores no es un garrote para usar contra los patrones o regular una industria; es una herramienta para garantizar la estabilidad.

La cuestión de por qué los profesionales de la arquitectura (que incluye a los diseñadores, así como a los administrativos, de comunicaciones, de recursos humanos y de desarrollo comercial) no se han sindicalizado es muy complicada.

Segundo, tiene que ver con la conciencia laboral general bajo el capitalismo en los países occidentales, así como con la estructura idiosincrática de la profesión misma.

Es difícil para los trabajadores que se consideran de "clase media" imaginar que necesitan un sindicato. Es difícil para los trabajadores que se administran a sí mismos en sistemas barrocos de relaciones interpersonales informales ("¡Nuestra oficina es una familia!") imaginar que necesitan un sindicato.

Tanto en Estados Unidos como en México, la clase media no es un corpus sólido homogéneo. Lo que tenemos es un gradiente entre la precariedad y el privilegio. Desde el Premio Pritzker hasta How I Met Your Mother, representaciones populares de arquitectos exitosos que codifican (y disfrazan) la profesión como de clase acomodada (o incluso alta).

Una de las principales motivaciones de los profesionales de la arquitectura para buscar la sindicalización debería ser reducir la brecha entre sus condiciones materiales reales y el mito del estatus de la clase media.

Tú que estas leyendo esto pregúntate, solo con tu salario (y beneficios), ¿podrías solventar una emergencia médica? ¿un embarazo? ¿un crédito hipotecario? ¿tu jubilación? Existe entre nosotros una suerte de tenue esperanza de que manteniendo la cabeza gacha y eventualmente trabajando duro seremos ascendidos a jefes de oficina, (incluso ingenuamente con el sueño de fundar nuestra propia oficina) entonces tendremos acceso a estas formas de estabilidad.

Pero en la mayoría de las oficinas de arquitectura, incluso en aquellas en las que he colaborado, el camino hacia la promoción es turbio y la clase gerencial es endeble en el mejor de los casos.

Este estancamiento conduce a la inestabilidad y precariedad, con trabajadores que van de aquí a allá en busca de mejores oportunidades y, a menudo, se quedan estancados nuevamente. Luego, las oficinas se encuentran capacitando y capacitando nuevamente al personal reciente mientras los que se van pierden constantemente la memoria y sello del despacho que dejan.

¿Qué diferencia hay entre un arquitecto, un médico, y un abogado, en términos de especialidad técnica? ¿se han vuelto los arquitectos tan esenciales para la sociedad como los médicos y los abogados? El propósito de un sindicato de arquitectos no debe ser destacar materialmente a los arquitectos entre una élite trabajadora profesionalizada.

Hago esta pregunta para señalar que la arquitectura ha disfrutado y se ha visto limitada por una posición ambigua en la sociedad, donde su valor está embadurnado por cierta aura de “vocación”.

Aunque la arquitectura es una vocación en un sentido ideológico, social, y tal vez incluso espiritual, clasifica culturalmente a los arquitectos como artistas, mientras minimiza la naturaleza práctica y técnica del diseño de edificios. La arquitectura también es una profesión en el sentido industrial. ¡Un trabajo en arquitectura sigue siendo un trabajo!

Cuando sentimos dolor, buscamos médicos. Cuando nos encontramos en problemas legales, buscamos abogados.

Pero ¿qué desencadena una necesidad social común para los arquitectos? La sindicalización crearía una oportunidad para que los profesionales de la arquitectura (incluidos diseñadores, urbanistas, paisajistas, ingenieros calculistas, etc.) aclaren colectivamente la relación de la profesión con la sociedad.

Una fuerza laboral estable y unida tendría la capacidad de hacer que la perspectiva del arquitecto sea esencial para la sociedad en temas como el cambio climático, la infraestructura verde, las prácticas alternativas, el desarrollo sostenible, la seguridad en el espacio público, movilidad y mucho más.

¿Qué podría lograr una fuerza de trabajo arquitectónica unida dentro y más allá de la profesión?

Como alguien que cree en la sindicalización como una herramienta para brindar mayor estabilidad a la fuerza laboral de la arquitectura y para dar una voz social clara a la profesión, me gustaría establecer canales de dialogo y discusión con los trabajadores de la arquitectura para comprender lo que pueden lograr en sus oficinas y más allá ellas, siendo transparentes sobre nuestras experiencias, nuestros salarios, nuestros beneficios y nuestras ambiciones dentro de la practica arquitectónica.