Ergástulas y cadalsos: trabajo material y causalidad social en la obra artística (parte 1)

Es el trabajo material en su relación dialéctica con la causalidad social, condición ontológicamente anterior a cualquier intencionalidad, la que nos acercará al arte verdadero.

El materialismo dialectico moderno ha eliminado toda concepción teleológica definitivamente de la ciencia social. - G. Plejanov

Hoy día ¿estamos frente a falacias idealistas? Tal como lo fue el antiarte burgués del siglo XX.

La cultura de nuestra sociedad chabacana ―llamémosle postmoderna[1]― encierra ciertos problemas artísticos que, por medio de la teoría materialista del arte (sobre todo de Plejánov y Lunacharsky[2]) en torno a la causalidad social intentaremos dilucidar solo fugazmente y de ninguna manera concluyente.

La causalidad inmediata del trabajo material en la conciencia humana y ésta de vuelta en la producción espiritual, ―esto es, el trabajo material mismo con sus interacciones dialécticas con la causalidad histórico-social, como condición necesaria sin la cual no puede existir arte verdadero―, es la base de la cual parte este examen.

El propósito de esta reflexión es extender el alcance de la estética materialista para analizar y en cierta medida combatir el conformismo y escapismo derrotista que amenazan la producción artística contemporánea, actividad que, en nuestros días más que nunca, es extraordinariamente chata y necia.

Es cristalino el hecho de que una confrontación es manifiesta entre antagónicos sociales. Así mismo, se posa una cortina de niebla en torno a la cuestión fundamental de si es, o debería serlo, parte integrante a esta lucha lo artístico.

El artista mediante el ejemplo nos estimula a obrar en la vida, al poner su idea en práctica por medio de trabajo “útil” que realiza en la misma realidad material que, junto con él, dirige nuestros esfuerzos hacia la transformación de la naturaleza y la sociedad, en última instancia de la realidad.

El artista no sólo es un intelectual, es también un trabajador. El arte deja de serlo si sólo comunica ideas. Es cuando se convierten en materia por medio del trabajo, es decir, es en el trabajo objetivado donde existe lo artístico ―como condición que haya una causalidad con la realidad― el punto nodal de la estética materialista.

¿Qué tan penetrante es la estética materialista en la doctrina engelsiana de la transformación del simio en hombre sobre el trabajo material con aplicación especial en los orígenes del arte? Plejánov advierte que “los hombres hacen su historia al tratar de satisfacer sus necesidades[3]

Es con las necesidades que surgen intereses (opuestos), estos intereses engendran hostilidades entre la sociedad y su eventual división. En su origen, las necesidades humanas son dadas por la naturaleza, pero es con el desarrollo de las fuerzas productivas que éstas varían sensiblemente en cuantía y calidad. Simultáneamente la influencia de este “medio artificial” con las necesidades concretas, se establecen y determinan las relaciones entre los hombres en el proceso social de producción.

Con una sociedad divida en clases cuyos intereses son fundamentalmente contrarios y que conducen a choques, se reemplaza la organización de la gens por un Estado determinado por las fuerzas productivas existentes para satisfacer los intereses dominantes. De este modo una sociedad está condicionada inmediata y directamente por las relaciones económicas que le son propias; por consiguiente, estas relaciones condicionan igualmente mediata e indirectamente todas sus imaginaturas y el producto de ellas: el arte, la ciencia, etc. Sin embargo, no basta con conocer la economía de un país para comprender su historia del arte (Plejánov, 1973).

Después del surgimiento de la estructura socioeconómica capitalista, ya no son las condiciones materiales del trabajo, sino la lucha de clases el papel decisivo en el desarrollo del arte y sus contenidos esenciales. Mas indiscutible es que con la división social del trabajo el arte se desprende cada vez más de las formas de trabajo vinculadas a la producción material. En La Subversión de la Ciencia por el Sr. Eugen Dühring Engels escribe:

Claro es que, mientras el trabajo del hombre aún era tan poco productivo que apenas dejaba algún excedente, el incremento de las fuerzas productivas, la extensión del comercio, el desarrollo del Estado y del derecho, el nacimiento del arte y de la ciencia no eran posibles sino por una mayor división del trabajo. El trabajo debía basarse en la gran división entre masas ocupadas en el simple trabajo manual y un reducido número de privilegiados que dirigían el trabajo, se ocupaban del comercio, de los asuntos públicos y más tarde del arte y de la ciencia.[4]

A pesar de lo que se llegue a pensar que el arte, o lo estético puede ser una forma de conciencia social, no debemos perder de vista que, ante todo, el arte es una forma de trabajo social. La producción capitalista es hostil a formas de la actividad humana como la literatura y la poesía, donde hasta la Edad Media existían condiciones de producción que, a pesar de la antítesis entre trabajo teórico y trabajo práctico, permitían un cierto desarrollo paralelo con influencias recíprocas y zonas coincidentes (Bosch, 1972).

Cuando se quiere examinar la relación entre la producción espiritual y la producción material, es ante todo necesario examinar ésta no como una categoría general, sino como una forma histórica determinada. (…) Si no se examina la producción material bajo su forma histórica específica, es imposible obtener las características de la producción espiritual que le corresponde y las reacciones de la una sobre la otra.[5]

Esta hostilidad se muestra y acentúa la oposición antagónica entre la forma de producción material (industrial) y la espiritual (artística) de la vida moderna condicionada por el desarrollo de la gran industria, esto es, el desarrollo de las fuerzas productivas que conlleva a un estadio social con una organización dividida en clases y su ulterior lucha que predomina en la vida capitalista.

Por otra parte, de una forma determinada de la producción material se deriva ante todo una organización determinada de la sociedad, luego una relación determinada entre el hombre y la naturaleza. El sistema político y las concepciones ideológicas son determinadas por estos dos factores. Por lo tanto, también lo es el carácter de la producción espiritual. (…) Por ejemplo, la producción capitalista es hostil a ciertas ramas de la producción espiritual, como el arte y la poesía.[6]

A partir de lo anterior se establece que: el desarrollo del arte depende de las “relaciones recíprocas” entre la producción material y el tipo de organización social (dividida en clases) como una unidad dialéctica históricamente determinada. Así mismo, se establece el principio de las relaciones necesarias entre la actividad material y la espiritual como la clave de la interpretación de la cultura especifica de un momento histórico dado.

Pero ¿qué es una relación recíproca? En La Concepción Materialista de la Historia Plejánov menciona que existen distintos “factores” histórico-sociales que son determinantes al desarrollo de las sociedades, donde cada uno de ellos influye sobre todos los otros y viceversa, tales vericuetos de influencias mutuas y reacciones directas “no conduce más que al vértigo[7]en aquel aventurero que emprende la campaña de explicar el curso de desarrollo del laberinto social.

Él describe la lucha de clases como una lucha de pasiones humanas, a su vez como una lucha de intereses materiales, donde adversarios, “combatían con ardor” por sus objetivos y que recurrían a los medios que les proporcionaba el derecho público, de ese modo el derecho público resultará también, al igual que las pasiones humanas, un factor del desarrollo.

Este conflicto aparecerá como una lucha que escinde, separa socialmente el trabajo, por consiguiente, tenemos un tercer factor, el económico: el desarrollo de las fuerzas productivas (Plejánov, 1973). El desarrollo social está dado por factores recíprocamente relacionados.

Podemos mostrarnos indiferentes, discurrir sobre la importancia relativa de los factores: si las pasiones humanas son las que predominan sobre la economía, o ésta sobre aquellas, o si nada predomina sobre nada, o si es que cada factor es regido por la ley “vive y deja vivir”. O podemos acalorarnos, establecer cierta hilación, incurrir en sutilezas, y descubrir las causas internas, las “fuerzas ocultas” de los factores: las pasiones humanas, el derecho público, la economía.

De esta manera, surge en Plejánov su aporte y, al tiempo, su crítica a la Teoría de los factores[8] (del desarrollo social), que no es otra cosa que esta imbricación de factores que influyen en la actividad del ser social. Estos factores histórico-sociales pueden verse también como “disciplinas” de la ciencia social ―la ética, la política, la sociología, el derecho, la economía política―, cada punto de vista “hace ‘vibrar’ una ‘cuerda’ especial. Cada ‘cuerda’ puede ser considerada un factor del desarrollo social.”[9]

En la desconstrucción de esta teoría, por medio de la abstracción, podemos llegar a diversos aspectos del todo social, las diferentes manifestaciones de la actividad del ser humano se expresan como fuerzas particulares, categorías independientes, que empujan y determinan el devenir social. Pero que al mismo tiempo ―dice Plejánov― vuelve fragmentaria la activad humana convirtiendo sus diferentes aspectos en fuerzas aisladas y que no conduce a una unidad en la concepción de la vida social (Plejánov, 1973).

Al respecto sobre la unidad, la noción sintética hegeliana que explicaba la activad social del hombre a través de las propiedades universales del “espíritu”, son estas propiedades las que dan “en si” toda la historia y todos los resultados finales de la humanidad, es al mismo tiempo una concepción teleológica del ser social.

La noción unitaria de hombre social del materialismo dialectico no subordina éste a leyes naturales “evolucionistas-abstractas”, los hombres hacen su historia aspirando satisfacer sus necesidades. Cómo satisface esas necesidades está determinado por los medios que cuenta para ejercer su dominio sobre la naturaleza, por el estadio de sus fuerzas productivas, esto al mismo tiempo se ve reflejado sobre sus relaciones sociales y sobre su actividad espiritual.

El desarrollo de toda activad artística, siendo necesaria la conciencia de ésta, surge sobre la base del ser social y son las formas de éste las que determinan las formas de su conciencia. Y aunque estas formas puedan constituir parte de la historia misma, también lo son el conjunto de fenómenos que están condicionados por las relaciones económicas. Incluso el estadio de sus sentimientos e ideas y el trabajo de la imaginación son resultado de las relaciones sociales. A estas formas de la conciencia le llama “psicología social”, “no es posible dar un solo paso sin ellas en la historia de la literatura, del arte, de la filosofía, etcétera.”[10]

Como ya es sabido, el temperamento del hombre se habitúa a determinadas creencias, ideas, modos de pensar, a determinados modos de satisfacer determinadas necesidades estéticas; “cuando tal obra traduce fielmente el espíritu de su época, significa que dicha obra corresponde por completo al estado del espíritu de las clases que en esa época daban el tono a la vida social[11]

Cuando se gestan cambios de importancia en la estructura socioeconómica y por ende, en las relaciones recíprocas entre estratos sociales ―por el desarrollo de las fuerzas productivas―, conducen a ciertos cambios en la psicología de estas clases y con ello el “espíritu de su tiempo”, estos cambios son manifiestos en nuevas concepciones filosóficas, nuevas tendencias en el arte, aparecen nuevas necesidades estéticas.

La influencia recíproca entre los factores no considera al desarrollo intelectual de los hombres como causa primaria de todo el movimiento social. Tampoco considera el predominio de un factor por sobre los otros, sino que pondera a todos la misma jerarquía hacia la comprensión de los fenómenos sociales. El medio artificial trasforma necesariamente la influencia que ejerce la naturaleza en el ser social.

De modo tal que, la atención puesta en la actividad artística, es decir, el reflejo objetivo (explicativo) del mundo, como establece la Teoría del reflejo con sabor lukacsiano, presenta una cuestión fundamental sobre la naturaleza de la obra de arte y su finalidad, que como ya mencionamos, es una de las formas del trabajo material del hombre. Sin embargo, se corre el riesgo, en lo tocante a la comprensión intelectual y estética del mundo, de una cierta deformación idealista o mística de la actividad artística (básicamente material), al definir las actividades humanas principal o exclusivamente como teleológicas en vez de causales (Bosch, 1972).

Continua (parte 2)...


[1] Las reglas de legitimación de la verdad han cambiado, se cuestiona la validez de los métodos que recurre la ciencia para legitimarse, una condición de crisis de credibilidad de los metarrelatos, de la filosofía; ahora, la legalidad narrativa de lo verdadero se vale de nubes pragmáticas sui generis, del éter. Impera la heterogeneidad lingüística, combinaciones inestables, una lógica inconsistente de matrices teóricas, por capas; se abarató el coste de producción del trabajo intelectual; la incredulidad es tal, que se opta por lo más eficaz, ahora el criterio operativo de validación es tecnológico, inoperante para legitimar lo verdadero o lo justo. La condición posmoderna alivia nuestra incapacidad de soportar lo inconmensurable. No encuentra su razón en el lenguaje homogéneo, sabe lo que sabe y lo que no sabe, no. Véase: Jean-François Lyotard La Condición Posmoderna, 1979.

[2]Sin menospreciar a Lukács o al menos notable Fischer.

[3]Plejánov, G. (1973) La Concepción Materialista de la Historia, México: Roca, p. 31.

[4]Engels, F. (1968) (Anti-Dühring), Madrid: Ciencia Nueva, p. 202.

[5]Marx, K. (1945) Historia Crítica de la Teoría de la Plusvalía, México: FCE, Tomo I, p. 262.

[6] Ibidem, p. 262.

[7] Plejánov, G. (1973) La Concepción Materialista de la Historia, México: Roca, p. 21.

[8]Plejánov (en Rusia) junto con Labriola (en Italia) son quienes corresponde el mérito de haber estudiado el surgimiento, y el papel histórico de la teoría de los factores; que digamos, su mayor conclusión es sobre la profunda distinción entre el “factor económico” y la estructura económica. Según estos autores, el factor económico y la fe en el factor social son fruto de la opinión, son simple expresión de un pensamiento, pero esta opinión va acompañada del desarrollo poco avanzado del pensamiento científico de su época, un pensamiento que no ha llegado a la madurez “los llamados factores son el producto de un conocimiento que está en vías de desarrollo y formación” (Labriola, A. Sobre el Materialismo Histórico, Cap. VI, 1896). Para Kosík, esto implica un análisis inconsecuente porque para él los factores son determinadas formas históricas de desarrollo, son fuerzas autónomas a la conciencia social del hombre, en este sentido se convierten en factores que influye en la actividad social y se transfieren a la conciencia, no surgen de ella (Kosík, 1967).

[9]Plejánov, G. (1973) La Concepción Materialista de la Historia, México: Roca, p. 18.

[10] Ibidem, p. 33.

[11] Ibidem, p. 33.